Cultura de Cazadores Especializados

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CULTURA DE CAZADORES ESPECIALIZADOS.

El yacimiento más conocido de este período es el de El Inga, ubicado al Este del Ilaló, entre este cerro y la Cordillera Oriental, a una altura de 2.520 m.s.n.m., con varios niveles arqueológicos y dándose como fecha más antigua la del 9.030 AC. Han sido localizados más de 50 sitios en un área de 17/18 km alrededor de Tumbaco, Puembo y Pifo en el Norte hasta Alangasí y la Merced en el Sur, la mayoría con una ocupación que pervive hasta períodos cerámicos, y con un rasgo típico que las identifica: el uso de la obsidiana para la realización de sus puntas.

Los niveles inferiores de El Inga presentan unos materiales que han sido definidos como de transición entre las dos fases citadas de cazadores incipientes y especializados. Los instrumentos más frecuentes son buriles, perforadores y raederas, así como algunas puntas, con retoque unifacial, que pudieran ser de proyectil. El hueso y estas posibles puntas de proyectil son las que conceden al conjunto su carácter transicional. Paralelos de estos conjuntos los encontramos en los sitios colombianos de Tequendama y Tibitó.

Los niveles superiores se relacionan con los dos grandes horizontes industriales/culturales de esta etapa: el horizonte El Inga-Fell I - Los Toldos, cuyas fechas más antiguas están en torno al 9.000 a. C., y cuyo rasgo diagnóstico son las llamadas puntas de «cola de pescado», y el horizonte andino de puntas lanceoladas o foliáceas, comenzando hacia el 8.000 a. C., y con sitios tan conocidos dentro del área andina como Lauricocha, Viscachani o El Inga II.

Del primer horizonte, en El Inga, se recuperaron más de 80.000 piezas de obsidiana y basalto, entre las que abundan las puntas de proyectil con la típica acanaladura en el pedúnculo, que les da a estos últimos la conocida forma de «cola de pescado». El sitio ha sido identificado como un campamento-taller en el que, junto con las citadas puntas, aparecen cerca de otros cincuenta tipos de artefactos. Asimismo encontramos, a mayor altura aún, los sitios de Cubilán, entre las provincias de Azuay y Loja. Estos son campamentos provisionales, básicamente talleres, fechados entre el 8.550 y 7.150 a. C. La industria lítica es algo diferente de la anterior y se relaciona en gran medida con la llamada cultura Paiján. El material de fabricación de los instrumentos (raspadores, cuchillos, perforadores y puntas) también cambia, siendo en este caso la materia prima el pedernal.

Por su parte, el segundo gran horizonte lítico se caracteriza por la presencia de puntas de proyectil alargadas, sin pedúnculo, de forma lanceolada o foliácea, trabajadas básicamente a percusión. Aunque los materiales están presentes en El Inga, el yacimiento tipo de este horizonte es Lauricocha, en los Andes Centrales, cerca de las fuentes del río Marañón.

Con características diferenciales respecto a los dos anteriores horizontes, se desarrolló entre el 8.000/5.500 AC. en la costa Norte de Perú y sierra Sur del Ecuador el llamado Complejo Paiján, que presenta claras diferencias con los anteriores en la elaboración de las puntas de proyectil que, en este caso, tienen un largo limbo triangular y un pedúnculo estrecho.

Estos grupos parecen haber sido principalmente cazadores-recolectores y su área de influencia llega hasta El Inga III a través de la Cueva de Chobshi, en el Azuay. El sitio, localizado a 2.400 m de altura en una zona de bosque montañoso, presenta cuarenta y seis tipos de herramientas diferentes, asociadas a fauna moderna, y realizadas, en su mayor parte, en cuarcita o pedernal.

Es interesante anotar la aparición de instrumentos ejecutados en obsidiana, materia prima que hubo de ser importada y que nos habla de la movilidad de estos grupos. Los individuos que desarrollaron todas estas industrias seguían agrupándose en bandas, aunque éstas eran más numerosas y tenían mayor número de miembros que en la fase anterior, con un cierto tipo de rangos dentro del grupo, y dedicándose a la caza y la recolección paralelamente (probablemente con una clara división sexual del trabajo), cazando los últimos animales de la fauna pleistocénica, así como animales de menor tamaño, como los venados y la danta o tapir, y recolectando semillas, frutos y raíces comestibles de las plantas silvestres de los páramos o los valles cercanos.

Por último, un sitio precerámico costero, el sitio de Vegas en la Península de Santa Elena, con una fecha del 8.000 a. C., presenta materiales de esta tradición cultural descrita, así como una nueva industria que va a marcar una revolución en la cultura humana, los orígenes de la agricultura, y que conforman la última fase del paleoindio ecuatoriano.

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FUENTE: http://www.paisdeleyenda.com/historia/ecuadorpreh2.htm

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